lunes, 27 de agosto de 2012

El Shannon


El río Shannon, en su apacible camino hacia el mar, llega a los restos del antiguo monasterio de Clonmacnoise (Cluain Mhic Nóis en gaélico), en el condado de Offaly. Todavía le falta media Irlanda para llegar al océano, pero no tiene prisa.

Lo ven pasar unas ruinas inverosímiles, dos vacas contentas y la verde hierba de agosto.




viernes, 24 de agosto de 2012

El fracaso escolar

Anda preocupado mi amigo Silvestre por las cifras de fracaso escolar de los alumnos canarios de la ESO. En la última Evaluación General de Diagnóstico llevada a cabo por el Ministerio de Educación en todas las comunidades autónomas del país,  los resultados no pudieron ser más desalentadores. Canarias obtuvo los peores datos de todas las regiones -si exceptuamos Ceuta y Melilla- en competencias básicas instrumentales como son Matemáticas y Conocimientos Lingüísticos. La anterior titular de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, Milagros Luis Brito, había ido escamoteando a la opinión pública de las islas lo que era un secreto a voces: el bajísimo nivel de rendimiento académico de nuestros alumnos en los tramos de la enseñanza obligatoria. Así el alumnado del Archipiélago fue excluido del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) que se realiza entre los países de la OCDE para analizar las competencias educativas de los alumnos, lo que a la susodicha consejera, le parecía en 2007 bien ya que, según ella, “hay cosas que no tiene que venir nadie de fuera a decirnos”.


Es como si dijéramos, asevera  Silvestre, que la mejor manera de no tener enfermedades es no ir al médico ni hacerse nunca un chequeo. O que te lo haga un amigote de farra siguiendo tus instrucciones. Por todo ello, Dª Milagros anunció la puesta en marcha a partir de 2008 del Plan de Evaluación Diagnóstica de Canarias que llevaría a cabo el Instituto Canario de Evaluación y Calidad Educativa, dependiente, cómo no, de la propia Consejería, que iba a iniciar esta tarea a partir de julio de 2010 (sí, dos años después). Así todo quedaría en casa y entre cocina y maquillaje se podría falsear la cruel realidad.

Me lo quedo mirando y me pregunto con temor a dónde quiere ir a parar.

- Como los nuevos mandamases de la cosa educativa canaria están tratando de arbitrar un gran pacto social para acabar con el fracaso escolar, considera mi amigo que no es cuestión de buscar culpables sino de ayudar en la búsqueda de soluciones. Entiende, me dice, que debemos aportar algo entre todos para paliar la falta de ideas –y de inversiones- de nuestros gobernantes.

Me echo a temblar porque temo su forma de pensar y le pregunto qué sugiere.

-Te voy a poner un ejemplo, amigo mío, referido a la competencia lingüística. Todos hemos observado cómo, al terminar un partido de fútbol, se suele entrevistar a los jugadores más destacados del encuentro. En muchas ocasiones se hacen preguntas a un deportista local y a otro, pongamos por ejemplo, argentino. Aunque probablemente la extracción social de ambos sea similar, mientras el jugador local farfullará cuatro tópicos de forma ininteligible, el sudamericano expresará sus ideas de manera clara utilizando un vocabulario rico y no precisamente conciso.

-Entonces ¿dónde está la diferencia?

-En el sistema educativo y en la importancia que se le da en uno y otro país a la expresión y comprensión oral y escrita. Debemos, pues, tomar medidas drásticas de inmediato, por lo que propongo que en los niveles educativos obligatorios se introduzca para todos los alumnos una materia que denominaríamos Español, Lengua Extranjera. A los alumnos se les diría que van a estudiar un nuevo idioma que se parece bastante al que habitualmente hablan pero que no es el mismo. Empezarían desde el principio, como en las clases de otras lenguas: “Mi nombre es Kevin Tanausú y tengo 12 años. ¿Cómo te llamas tú?”. Con ello se garantizaría que en el plazo de pocos años obtuviéramos una mejoría apreciable.

-Estás desbarrando, Silvestre.

-¿Desbarrando? Qué va. Además, como no hay buen aprendizaje de una lengua sin lectura, lo complementaríamos con un programa de animación que consistiría en la prohibición absoluta de leer literatura hasta cumplir 18 años.

-Tú estás loco, ¿cómo vas a prohibir leer?

-Claro, al estar prohibido sería mucho más atractivo para los adolescentes. ¿No has leído Farenheit 451 de Ray Bradbury? Me puedo imaginar en los patios de los institutos diálogos como éste:
                          - ¡Chas, loco! Me pasó un coleguita del barrio una cosa de Thomas Mann más guapa!
                          - ¿Qué dices, bro, no será La Montaña Mágica? Pásala cuando la termines que llevo montón de tiempo buscándola.

- Aunque no te lo creas, estas ideas que te parecen peregrinas como todas las mías pueden ayudar a elevar el nivel cultural de nuestros alumnos si, como espero, las hace suyas el Gobierno regional.
- Pero, ¿de verdad quieren acabar con el fracaso escolar en Secundaria para siempre? La solución es radical pero sencilla. Pongan como condición inexcusable haber titulado en la ESO para obtener el carnet de conducir. Te garantizo que empezaría un descuerne general entre nuestros jóvenes que sorprendería a propios y extraños. Ahí queda eso.

Cada día me asombran más las cosas de Silvestre…

martes, 21 de agosto de 2012

...y al atardecer llueven meteoritos.

Como si les faltara algo a estas Islas Desdichadas, - lo de Afortunadas mejor lo dejamos para mejor ocasión- hace unos días Tenerife ha sido sacudida por un terremoto de 3’8 grados en la escala Richter. No contenta la madre natura con habernos mandado en los últimos años desastres varios como inundaciones y huracanes como el Delta, volcanes submarinos en El Hierro, una terrible sequía el pasado invierno y más seis sirocadas desde la primavera; no contento el destino con obsequiarnos con las tasas de paro más altas de toda España, con las cifras más altas de fracaso escolar y una Sanidad para echarse a temblar, ha decidido que la tierra nos dé un meneo.

En unas islas que arden por todos sitios –todavía no está extinguido del todo el terrible incendio de La Gomera- debido a la acción de unos desalmados y a la falta de cooperación y entendimiento entre las administraciones que son incapaces de ponerse de acuerdo ni siquiera en esto y con una Delegada del Gobierno para Canarias que se ha despachado inventando una detecciones inexistentes para vergüenza –si es que la ha tenido alguna vez- del partido que la eligió.

Pero tranquilos, ya desde Madrid y después de pasar un par de veces por las islas para hacerse fotos en los incendios, el ministro Soria con la actitud cínica que lo caracteriza, ha resuelto que la solución para todos nuestros males estriba en quitar la televisión autonómica y la policía canaria (esa, la Guanchancha) lo cual nos parece muy bien si no fuera porque cuando estaba en el gobierno de Canarias no hace mucho mantuvo ambas instituciones.

La situación de nuestras islas cada vez me recuerda más a lo que se canta y cuenta en la zamba catástrofe Añoralgias de Les Luthiers que interpretaron junto a Los Chalchaleros en un excelente disco de estos últimos del año 2000: Éxitos sin fronteras..

Sólo nos falta que al atardecer lluevan meteoritos.


sábado, 18 de agosto de 2012

Salmorejo de beterrada


Aunque, en una excelente entrada de su blog, Mikel López Iturriaga incluye entre las tediosas abominaciones culinarias de los restaurante de hoy,  que el llama los platos más sobados, “el gazpacho de cualquier fruta que no sea tomate”, no me resisto a aportarles una receta que, parodiando el viejo debate cultural entre evolucionismo y difusionismo, a lo mejor ya existía cuando la descubrí por mí mismo hace ya algunos años.

Es un salmorejo de beterrada (remolacha) y se hace con los siguientes ingredientes:

6 beterradas guisadas (Pueden ser de las que venden ya cocinadas)
1 diente de ajo sin el germen.
50 gramos de pan blanco.
Aceite de oliva virgen.
Vinagre de Jerez.
Sal.
Requesón de cabra
.
Remoja el pan en agua. Trocea la beterrada. Tritúrala con un diente de ajo, el pan blando, cuatro cucharadas de aceite, un poco de vinagre y sal. Guarda el puré en la nevera.

Ojo con el vinagre. Tiene que tener un punto justo para darle el toque de acidez al plato pero no hay que pasarse. Empezar mejor a echarlo poco a poco y probando.

Para servir, vierte el salmorejo en vaso o plato y pon encima una cucharada pequeña de requesón.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Mi primera vez

Esta es una de las pocas fotos que tengo de mi primer instituto, el Joaquín Artiles de Agüimes, donde impartí clases entre 1972 y 1974. En la imagen aparece un joven barbado que lleva el uniforme obligado de aquella década: Botas de cuero virado, pantalones de pana de campana, jersey de cuello vuelto y el anorak emblemático de mi generación. Ese era yo. Fueron mis primeros años de profesor de los que guardo un bello recuerdo. Todo era nuevo para mi. En ocasiones, como verán más adelante, demasiado nuevo.
Hace poco tiempo he vuelto a recordar aquellos días, pues mi amiga Isabel Duque escribió el año pasado una entrada en su Blog de una jubilada con el título también de Mi primera vez, que yo le copio ahora . Esto me dio pie para contarle en un comentario una historia personal que me ocurrió no ya el primer día sino la primera hora de clase y que ahora voy a contarles a ustedes.

Corría, como dije antes, octubre del año 72 -algo ha llovido- y con mi carrera recién terminada me ofrecieron un puesto de profesor interino de Geografía e Historia en el Instituto de Bachillerato de Agüimes, en Gran Canaria. Como era el último mono del centro mi horario comprendía todos los restos de asignaturas de letras que quedaban. Daba de todo: Lengua Española, Filosofía, Historia e Historia del Arte. Como era ya avanzado octubre, el director me puso un libro de texto de Lengua en las manos y me dijo que corriera al aula, que ya había tocado el timbre.

Me dirigí a la clase, entré, me presenté a aquel grupo de 3º de bachillerato del plan 57 (unos 13 añitos, angelitos míos) y les dije que, dada la fecha, íbamos a empezar sin más dilación. Me puse de pie detrás de la mesa, muy tieso y circunspecto, y con gran ceremonia abrí el libro de texto por la primera lección.

En ese momento el pánico se apoderó de mí. Allí, en aquel maldito libro, y en letras muy gordas ponía EL SINTAGMA NOMINAL. ¡Dios! - pensé- ¿esto qué es? ¿De qué habla este libro? ¿Pero esto no era Lengua Española? ¿Y el sujeto y el predicado? Me vino de repente un sudor frío y la angustia se me agarró a la garganta. Tomé aire y levanté la vista. Allí estaban aquellas caritas delante de mí esperando a que comenzara. Cerré el libro lentamente paseé la vista por la clase y les dije:

-Pero no. Aunque esté muy avanzado el curso, creo que debemos dedicar el día de hoy a conocernos un poco. A ver, mi niña, ¿cómo te llamas?, ¿y  tú?… y así seguí toda la hora.

Al llegar a casa le dije a mi mujer, que sabe mucho de estas cosas y que se partía de la risa, que me explicara qué carajo era eso del sintagma nominal. El resto del curso me fue dando clases particulares que me permitieron sobrevivir sin hacer demasiado el ridículo. Al parecer, mientras yo estudiaba Historia, los colegas de Lengua se habían dedicado con fruición a cambiar los nombres a todo.

De aquella primera vez aprendí dos cosas: que no se puede hacer algo sin estar preparado para la tarea y, sobre todo, que había nacido para ser profesor.